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Las épocas caleidoscópicas

Del 2 de julio de 2022 a 5 febrero de 2023.
Exposición actual
Las épocas caleidoscópicas
De Elsa-Louise Manceaux.
Curador: Víctor Palacios
Sala 13 del Circuito Sur.

Por Víctor Palacios

Múltiples y cambiantes, las épocas se manifiestan enardecidas. Reclaman su independencia, el reconocimiento de sus conquistas y la delimitación precisa de su nacimiento y ocaso. En su andar utópico tienen ante ellas, según la historia, al interlocutor indicado: ¡Nosotros!

Elsa-Louise Manceaux (París, Francia, 1985) convoca, en este vibrante prisma rectangular, a una serie de espesas épocas. En primera línea, están la suya y la del artista mexicano José Clemente Orozco (1883-1949). A partir de ahí, de esta concordancia espacial y de las disonancias y similitudes de ambos lenguajes estéticos surge el presente ejemplar. La intención de este experimento que forma parte integral de la muestra Apoderarse de todos los muros. Anteproyectos de José Clemente Orozco es desatar intercambios estéticos y conceptuales entre artistas contemporáneos y el robusto legado de uno de los creadores más sobresalientes del arte moderno mexicano. Es a partir de un estudio y de una investigación previos tanto del acervo de bocetos de murales de Orozco resguardados en esta institución como de su producción muralística y pictórica que Manceaux concibe y produce Las épocas caleidoscópicas.

La repetición, el patrón, el reflejo invertido y la simetría son el vórtice de estos trabajos gráficos y pictóricos de Manceaux quien, desde tiempo atrás, ha incursionado en las técnicas del fresco, del temple y del gouache. De ese centro convulso, son los cuerpos, la naturaleza humanoide y, en menor escala, la tecnología naturalizada, aquello que, poco a poco, se distingue entre los trazos y sus rítmicos garigoleos. Bezudas vulvas ultra barrocas, lascivos divanes biculturales, caricaturescos especímenes de dudosa raza o estirpe, entre otros muchos desajustes y frotamientos epocales, comienzan a reproducirse.

Sí, hay que aguzar la vista como cuando se mira a través de un caleidoscopio y apreciar entonces aquello que despide el choque de épocas. Observo entonces a Manceaux conversando con Jay Hambidge, el investigador de principios geométrico-estéticos presentes en la naturaleza y cuyo tratado, Los elementos de la simetría dinámica, influyó a Orozco; al brillante historiador contemporáneo Federico Navarrete explicando a la prensa por qué decidió publicar –500 años después de la conquista– un libro titulado ¿Quién conquistó México?; a una madre que amamanta y, simultáneamente, devora a su crío hambriento; a una colonia de hamsters marinos nadando entre armaduras, calaveras, ídolos etno-céntricos, ruedas y mutilados cables de fibra óptica. ¡Vaya aglomeración! ¿Será de nuevo una marcha de protesta o el desfile, el carnaval oficial?

La aproximación de esta artista a los bocetos y murales de Orozco dista de perseguir un fin adulatorio a su figura o bien conmemorativo al Centenario del Muralismo Mexicano. En contraparte, su trabajo plástico apuesta por insistir en el dilema filosófico de la repetición, presente en Orozco con sus recurrentes temáticas, en tanto gesto crítico y postura existencial. Según el filósofo Soren Kierkegaard (1813-1855), un adelantado a su época, el recuerdo y la repetición constituyen el mismo movimiento pero en sentido contrario. El recuerdo se inclina hacia un pasado melancólico; la repetición, si es posible, se proyecta como inagotable fuente de placer y realidad.

¡Que dirijan la mirada hacia otro punto las épocas, hacia arriba tal vez! Revueltas y de cabeza, en su inconforme condición histórica, legal y emocional han de seguir.