Compra
tus
entradas
aquí
Exposición actual

El hombre que debería estar muerto. La batalla futura

Del 8 de octubre de 2022 al 5 de marzo de 2023
Autor
Daniel Guzmán Osorio
Curador
Víctor Palacios.
Sala
Salas 5 a la 7 del Circuito Norte
Fechas
Del 8 de octubre de 2022 al 5 de marzo de 2023

Entiendo mis dibujos como un organismo donde
se pueden conjugar todos los elementos que hacen
posible la vida, hablo de lo que es muy próximo a mí
pero también a cualquier persona. Asumo el miedo
como posibilidad de creación.

DGO, Retrato hablado, 1993

por Víctor Palacios

Desde el centro del centro de la Ciudad de México, Daniel Guzmán Osorio (1964) comenzó, desde su adolescencia, a trasmutar sus vivencias y el entorno cultural que le rodeaban a través del dibujo; el cómic, el cine de terror, las revistas populares, el rock, la pornografía y la ciencia ficción fueron su materia prima. El ejercicio continuo de la copia transformada desde de su propia e incipiente subjetividad fungieron como el vórtice de su pulsión creativa.

¿Hacia dónde o con qué sentido procesar gráficamente todo aquello que ofrecía un mundo cada mes más mediático y globalizado tras la caída del Muro de Berlín en 1989?
Determinante resultó su paso por la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM (ENAP) a principios de la década de los noventa en dónde no sólo tuvo la fortuna de aprender de importantes figuras como los maestros Gilberto Aceves Navarro o Guillermo Santamarina sino también de entablar amistad con un grupo de colegas con los que cofundaría el espacio independiente Temístocles 44 (1993-1995).
Dicho centro de aprendizaje, experimentación y producción en colectividad fue integrado por los artistas Sofía Táboas, Eduardo Abaroa, Abraham Cruzvillegas, Pablo Vargas Lugo, Damián Ortega, Fernando García Correa, entre otros. El resultado fue un efervescente caldo de cultivo idóneo para incursionar en otros lenguajes y estrategias propias del arte postconceptual de aquellos años. El dibujo, lejos de desvanecerse, encontró territorios afines en otros medios como la escultura, la instalación y el video. De manera paralela, su trabajo comenzó a nutrirse de textos de carácter tanto literario como filosófico como parte de un intenso diálogo con el artista Luis Felipe Ortega. Sus principales referentes fueron desde entonces creadores visuales como Mike Kelley, Bruce Nauman, Dan Graham y, por otro, escritores como Roberto Bolaño, Charles Bukowski, William Burroughs, Samuel Beckett, Philip K. Dick, por nombrar algunos.

La presente exposición, un velorio postergado pero tremendamente incisivo a nivel evocativo, político y anfractuoso, es el fruto de los últimos cinco años de trabajo del artista. Sin embargo, reúne en paralelo un revelador conjunto de obras, documentos, artefactos, apuntes y detritus inclasificables que han sido la génesis y un indiscutible catalizador de su presente. Es un archivo visceral de sus meandros narrativos y viceversa engendrado paulatinamente por más de cuatro décadas de batallas futuras. La estructura de la muestra, a manera de publicación, se divide en los siguientes tres capítulos:
1. Todos somos sitios arqueológicos.
2. La dimensión desconocida.
3. Esta es la trampa. Este no es ningún lugar y es para siempre.
Guzmán Osorio parece haber llegado a ese punto escabroso y fascinante que menciona el escritor sueco Sven Lindqvist en su libro titulado Exterminad a todos los salvajes (2004). “En la oscuridad del túnel, el cavador pierde muy fácilmente la dirección. Es aquí donde su arte se pone a prueba.”